Absorta en aquella mirada que parecía como si la desnudara, a Naira le llegó la hora de irse a casa.
-Venga ya no te lo repito más, a las doce tenias que haber estado en casa y ya son casi y media- dijo David con voz enfadada.
-¿Pero ya que mas da por cinco minutillos más? déjame hasta y media porfavor...- suplicó la joven a su tío.
-Naira ya te lo he dicho, y como no vengas ya para casa se lo diré a tu padre- cortó malhumorado a su sobrina.
-Esta bien, ya voy- respondió la adolescente resignada.
Cuando la joven llegó a su casa subió las escaleras sin hacer apenas ruido hasta llegar a su cuarto. Una vez allí alzo la persiana y se asomó por la ventana para contemplar el hermoso paisaje que desde allí se podía ver. Millones de estrellas adornaban el cielo y las montañas se alzaban por encima de las pequeñas casitas blancas que habitaban aquel pueblo. A lo lejos se podía divisar diminutos puntos de luz que formaban parte de otros pueblos. La oscuridad y el silencio penetraban todos los rincones. Naira cerró la ventana, se desnudó y se tumbó en la cama. Intentaba dormirse pero no podía dejar de pensar en aquellos ojos de color miel que había visto aquella noche. Esperaba ansiosa volver a ver a aquel chico.
Minutos más tarde sus párpados se cerraron al fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario