Es la hora, las agujas del reloj marcan las diez de la mañana, no te anticipes, pero tampoco te descuides, pues ya van a ser casi las cinco de la tarde sin apenas darte cuenta. Déjalo todo en su sitio. Los bombones mételos en su correspondiente cajita dorada, las fotos de aquel maravilloso viaje guardalas en el pequeño baúl de madera junto con las cartas de aquellos amores efímeros y los libros de aventuras de la infancia, la camiseta verde cuelgala en el armario y no dejes los apuntes tirados sobre la mesa. Se te olvidaba que también tenias que ir a las clases de danza. Muchas cosas que hacer, todo desordenado y con matizes de lentitud. Házlo con mesura, tómatelo con calma, pero no tanto. Algunas son cosas insignificantes. A pesar de que tu no te muevas el mundo se mueve a tu alrededor. Tu no seas menos que el y muévete. Tampoco te pido que te muevas a su ritmo, pues dependiendo de que, unas veces va muy deprisa y otras muy despacio. Solo te aconsejo que no seas igual que el viento, que unas veces sopla y otras no. Se constante y muévete, y hazlo sin prisa, pero sin pausa.

El tiempo corre cada segundo, cada minuto, cada hora, concibiéndolo más o menos lento en ciertas situaciones. Pero tan sólo es un mero objeto que va marcando unos números. Unos números que no deben obsesionarte. No te dejes llevar por él. Vive la vida sin prisa, pero sin pausa.
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